Desde el pasado miércoles, 17 de febrero, nos encontramos en la Iglesia viviendo el tiempo cuaresmal.
La cuaresma, como bien nos indica Benedicto XVI en su mensaje para ayudarnos a reflexionar y vivir estos 40 días, debe servir para realizar una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas.
Bellamente, con profunda inteligencia y fe, el Papa nos indica a donde debemos dirigirnos después de asumir la ceniza en nuestra frente con las palabras: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Continúa nuestro Pontífice diciendo que “significa salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad”.
Nos invita a que cada creyente sea, para realizar una buena cuaresma, una persona humilde “para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo ‘mío’, para darme gratuitamente lo ‘suyo’”. Es así como podremos disminuir esa fuerza interior que nos lleva a pensar que somos maravillosos, que en todo lo que hacemos no existe nada malo (a lo sumo incompleto porque ansiamos más); es romper la dinámica del egoísmo cambiándola por la del compartir, concreción del amor.
Por eso es necesaria la presencia de Cristo y permitir que su influencia sea afectiva y efectiva en nuestro vivir cotidiano. Con humildad y disponibilidad, como el barro en manos del alfarero, podremos entender la justicia de Dios que nos hace salir de la privación de la gloria de Dios en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús (Rom 3,21-25).
Es la lógica del Dios justo que “escucha el clamor ‘de su pueblo’ y ‘ha bajado para librarle de la mano de los egipcios’ (Ex 3,8). La consecuencia es que Dios nos pida justicia para con el necesitado contribuyendo a que sean más los que puedan vivir según su propia dignidad y donde la justicia sea vivificada por el amor.
Dejar la injusticia que hace crecer el egoísmo, será posible con la cercanía y ayuda del Señor de la vida. Con el amor se hace posible comprender, aceptar y vivir la justicia divina.
“Que este tiempo sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia”. Que bueno que este buen deseo de nuestro Pontífice lo hagamos realidad cada uno de nosotros.
Por. Padre Juan Miguel Martinez, missioner lleidatà a Cali-Colombia.
carta publicada al web de l' arquebisbat de Cali.